Dogfighting sobre el Mediterráneo

En 1973 el coronel Gaddafi declaró como territoriales las extensas aguas internacionales del Golfo de Sirte. Desde aquel entonces se produjeron diversos incidentes entre cazas libios y aviones de otras nacionalidades.

La VIª Flota estadounidense recibió la orden de evitar aquellas aguas durante la crisis de los rehenes en la embajada de Teherán. Libia mantenía buenas relaciones con el gobierno surgido tras la Revolución Islámica iraní de 1979, y la administración Carter quería evitar nuevas tensiones en el Mediterráneo.

Cuando la administración Reagan llegó al poder y la crisis de los rehenes en Irán llegó a su fin el comandante de la VIª Flota, el contraalmirante William Bowden, pidió permiso en la primavera de 1981 para ignorar la directiva de la administración Carter sobre evitar las aguas del golfo de Sirte. Una petición tan políticamente delicada recorrió toda la cadena de mando. Primero pasó al comandante en jefe del la U.S. Navy en Europa, luego al jefe de operaciones navales en Washington, posteriormente al jefe del estado mayor conjunto y finalmente al Consejo de Seguridad Nacional que aprobó la idea de forma unánime el día 14 de julio. Se planeó entonces unos ejercicios navales para el mes siguiente.

La denominada Task Force 60, un grupo aeronaval formado por los portaaviones U.S.S Nimitz (CVN-68) y U.S.S. Forrestal (CV-59) junto a 14 buques más, entró en las aguas del golfo de Sidra el lunes 17 de agosto. Durante dos días realizó ejercicios de tiro con misiles a blancos teledirigidos en mar abierto, a 100 millas de de la costa libia. Se establecieron para la ocasión unas reglas de enfrentamiento muy estrictas porque aunque siendo un claro desafío a Libia no se pretendía que los ejercicios desembocaran en un enfrentamiento.

El primer día, el martes 18 de agosto, dos destructores se posicionan en el perímetro sur de la formación en misión de descubierta radar y distintas formaciones de F-4 Phantom II (escuadrones VF-11 y VF-31 a bordo del U.S.S. Forrestal) y F-14 Tomcat (escuadrones VF-41 y VF-84 a bordo del U.S.S. Nimitz) se fueron relevando en distintas patrullas de combate.

Durante ese día aviones libios de diferentes tipos intentaron acercarse a la flota. Tras ser detectados eran interceptandos y escoltados lejos del grupo aeronaval. Los aviones libios terminaron en todas las ocasiones dando la vuelta para regresar a sus bases en dirección sur sin mayor problema.

Primera sangre.
En una de tantas aproximaciones, a las 7 de la mañana del miércoles 19, una pareja de Sujoi Su-22 fue detectada por un avión de alerta radar E-2 Hawkeye del escuadrón VAW-124, que volando a 21.000 pies vigilaba el espacio aéreo del golfo. Dos F-14A del escuadrón VF-41 “Black Aces” fueron enviados a su encuentro. El primero, numeral 102, iba pilotado por el comandante Henry “Hank” Kleeman con el teniente Dave “DJ” Venlet como operador de radar. El segundo, numeral 107, era pilotado por el teniente Larry “Music” Muczynski con el teniente James “Amos” Anderson como operador de radar.

Las dos parejas de aviones se fueron acercando a una altura de 20.000 pies. Estando ya a menos de 6 millas, de pronto y sin motivos aparentes, uno de los Su-22 disparó un misil de guía infraroja K-13 (AA-2 “Atoll” en la denominación OTAN). El misil, incapaz de enganchar blancos de frente, falló pasando por debajo del F-14A de Kleeman.

Los dos F-14A que volaban en una formación muy abierta rompieron entonces bruscamente para perseguir a los aviones libios mientras sus dos pilotos vía radio intentaban en vano comunicar su situación. Las interferencias y la confusión por la excitación del momento produjo que ni en el Nimitz ni el Air Intercept Controller a bordo del Hawkeye entendieran qué pasaba.

Kleman esperó a que el avión libio dejara de estar orientado hacia el sol para disparar un AIM-9L Sidewinder que hizo blanco, mientras Muczynski con el otro Su-22 a tiro preguntó a su líder si quería que lo derribara también. Kleeman le dio la autorización y a una distancia muy corta del avión que perseguía (Muczynski fue el único de los dos que identificó correctamente a los aviones libios como Su-22) disparó un Sidewinder que igualmente hizo blanco. Los dos pilotos libios consiguieron eyectarse, pero sólo en un caso se abrió un paracaídas. El piloto superviviente fue rescatado más tarde por una patrullera libia.

En menos de un minuto se había resuelto la primera acción militar de Estados Unidos tras el fracasado intento de rescate de los rehenes de la embajada en Irán. Cuando la pareja de F-14A regresaba ya rumbo norte a su portaaviones llegó un mensaje del Nimitz repetido por el controlador a bordo del Hawkeye: “102, 107, ¡Estáis autorizados a defenderos!”

Se da la circunstancia de que el presidente Reagan estaba en ese momento en Los Angeles. Todo había sucedido mientras en California era de noche. El presidente no fue informado hasta que se despertó al día siguiente. Cuando se le preguntó por el incidente y la circunstancia de que al líder de un país cuyos aviones de guerra habían entrado en combate se le dejara dormir en paz contestó con su personal estilo: “Si nuestros aviones fueran derribados, sí, claro que me despertarían. Si los derribados son los otros tíos, ¿para qué despertarme?”

Una temprana batalla contra el terrorismo
En octubre de 1985 cuatro terroristas palestinos secuestraron el barco de crucero italiano “Achille Lauro”. La situación se resolvió con el gobierno egipcio ofreciéndose llevar a los terroristas hasta Libia. Pero en el transcurso del secuestro los terroristas habían asesinado al ciudadano estadounidense Leon Klinghoffer. El gobierno de EE.UU. no estaba dispuesto a que el comando palestino escapara impune.

No se sabía cuándo se llevaría a cabo el traslado entre Egipto y Libia. Así que realizó un formidable despegue de aviones especializados para monitorizar las comunicaciones. Finalmente se supo que el traslado sería vía aérea el 19 de octubre mediante un Boeing 737 de EgyptAir.

Siete F-14A pertenecientes a los escuadrones VF-74 “Bedevilers” y VF-103 “Sluggers”, con base en el portaviones U.S.S. Saratoga (CV-60), recibieron la misión de interceptar el Boeing 737 que transportaba a los terroristas. Deberían entonces obligarlo a aterrizar en la base de Sigonella (Sicilia). Despegaron también un avión de alerta temprana E-2C, cuatro cisternas KA-6D y un avión de guerra electrónica EA-6B. Desde bases en el continente europeo despegaron también un EA-3B y dos RC-135.

Mientras tres Tomcats se mantenían a distancia por si aparecían cazas libios y un EA-6B interfería las comunicaciones del 737, los cuatro restantes F-14 se aproximaron al avión egipcio con todas las luces apagadas y en total silencio radio. Cuando se hubieron situado alrededor del avión encendieron las luces de posición y por radio obligaron al piloto del avión egipcio a seguirlos hasta Sigonella.

Otro ciudadano estadounidense murió en un atentado terrorista el 2 de abril de 1986 en una discoteca de Berlín Oeste. La explosión de la bomba mató a un militar estadounidense y una ciudadana turca, además de resultar heridas otras muchas personas. Se interceptaron comunicaciones que vinculaban los atentados con Libia. La administración estadounidense decidió lanzar una operación de castigo.

La noche del 15 abril una formación de F-111F de la fuerza aérea atacó objetivos en Trípoli, mientras una formación de aviones de ataque de la marina atacó otros objetivos en Bengazi. F-14 cumplieron la misión de escoltar a los aviones de ataque sin encontrar oposición. La operación, que recibió el nombre en clave de “El Dorado Canyon”, supuso un hito por lo complicado de su ejecución y será abordada en FlancoSur.info en un futuro.

Nuevo choque con Libia
Las tensiones con Libia regresaron a finales de los años 80 a raíz de la implicación del régimen libio en más operaciones terroristas y por su voluntad de desarrollar un programa de armas químicas. En ese contexto un grupo aeronaval fue enviado en enero de 1989 al golfo de Sirte.

El miércoles 4 de enero de 1989 dos F-14A del escuadrón VF-32 “Swordmen”, con base en el portaaviones U.S.S. John F. Kennedy (CV-67), realizaban una patrulla de combate a 20.000 pies de altura y 70 millas de la costa libia. Eran el AC-202, pilotado por Joseph Bernard “Beads” Connely y Leo F. Enright, y el AC-207, pilotado por Hermon C. Cook III y Steven Patrick Collins. Se encargaban de proteger a una formación de A-6 que realizaban un vuelo de entrenamiento.

Alrededor del mediodía un Hawkeye detectó dos cazas MiG-23MF que tras despegar de la base de Al Bumbah, cerca de Tobruk, pusieron rumbo a 8.000 pies hacia la zona donde se encontraban el portaaviones estadounidense.

Enseguida los A-6 abandonaron la zona y los F-14A se interpusieron entre la flota y los aviones libios. Cuando los cazas libios comenzaban ya a acercarse el operador del primer Tomcat los iluminó con el radar AGW-9. Normalmente aquello bastaba para hacer saber a los cazas libios que no eran bienvenidos en la zona. Su reacción habitual era entonces dar la vuelta. Pero esta vez los libios siguieron en dirección norte. Y no sólo eso. Cuando la pareja de F-14A cambió de rumbo para apartarse de la ruta de los MiGs, un gesto que indicaba sus intenciones no hostiles, los MiG-23 aceleraron y enfilaron hacia los Tomcat.

Los dos aviones estadounidenses volvieron a realizar la misma maniobra con igual reacción de los MiG-23, que seguían acercándose. Pero las reglas de enfrentamiento para los Tomcats eran distintas esta ocasión. Los pilotos estadounidenses estaban autorizados a disparar antes de ser atacados si las maniobras de los aviones enemigos se consideraban amenazantes. Con la pareja de MiG-23 a 35 millas los dos F-14 recibieron autorización para tener listos los misiles AIM-7 Sparrow y AIM-9 Sidewinder que portaban, y defenderse si era necesario.

Tras la tercera maniobra de los libios y estando a menos de 15 millas el Tomcat líder disparó un AIM-7 Sparrow que falló, al parecer por un error de coordinación entre el piloto y su operador de radar. A 10 millas el primer F-14A volvió a disparar un segundo Sparrow que de nuevo volvió a fallar. Las dos parejas de aviones siguieron acercándose.

A seis millas de distancia la formación de F-14A se abrió. Los dos MiG-23 aceleraron entonces yendo a por el punto estadounidense, que disparó entonces un Sparrow. Sin embargo esta vez el misil de guía semiactiva sí acertó. El F-14A líder, mientras, había hecho una maniobra bastante brusca para intentar ganar la cola de los MiG-23.

Tras haber fallado con la primera pareja de misiles Connely quería asegurarse el derribo acercándose lo más posible al MiG-23 que quedaba. Pero no consiguió el tono de enchange del misil. Su punto por la radio le apremió a conseguir un enganche con los Sidewinder de guía infrarroja. ¡No consigo el jodido tono! gritó Connely que al momento cayó en la cuenta que en el fragor del combate había pulsado unos controles sin querer que le habían dejado sin la señal sonora de enganche de los misiles. Tenía el MiG-23 a milla y media de su F-14 cuando por fin disparó. Un segundo derribo y un segundo paracaídas sobre las aguas del Mediterráneo.

Una respuesta a Dogfighting sobre el Mediterráneo

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