El pasado lunes 1 de diciembre fuentes estadounidenses anunciaron la suspensión del programa de entrenamiento de las fuerzas militares nigerianas por petición del gobierno de ese país. Se trataba de un programa de formación en contrainsurgencia destinado a preparar al ejército nigeriano para enfrentarse a Boko Haram. La decisión sucede en un momento de enfriamiento de las relaciones entre los dos países, con acusaciones de Nigeria de falta de apoyo de Washington a su lucha contra la insurgencia islamista. Estados Unidos se habría negado a las transferencias de armas a Nigeria por la preocupación ante las violaciones de los Derechos Humanos cometidas por las fuerzas armadas del país africano.